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Alerta naranja

 Con el objetivo de sobrevivir dispuse a mi mente a enfriar todo aquello que podía resonarme dentro de la piel. No funcionó, como podía preveer, y algunas noches de domingo o jueves me arrasaba el temporal detrás de la vieja ciudad muerta. Pasaron las horas, los días y las vueltas al sol y la vida se diluyó mientras la miraba detrás del vidrio empañado, incapaz de conectar con quienes creía que estaban ahí. De tanto dolor en algún momento perdí la sensibilidad y simplemente me esforcé en seguir respirando.  Quizás el dolor siempre esté acá, a un recuerdo de distancia, quizás tenga secuelas y vea siempre los caminos muertos y las oportunidades perdidas. Quizás nunca me arrepienta de haberlo intentado pero sí del resultado, de nunca haber calculado los costos, la pandemia, la muerte y la soledad. Quizás no me recupere nunca.  Las noches de tormenta cuando no sé qué hacer con el dolor me acuesto acá, me acerco a lo desgarrador del paso del tiempo y me entrego, sin certezas y...

Una mañana con demasiado café

Era un domingo pálido por la mañana, el sol no se esforzaba demasiado cuando ellos llegaron. Solo los vi porque estaba en el sofá leyendo. A veces aparecía esa sensación, como si observara la vida transcurrir a través del pensadero pero ninguna de ellas fuera mi vida. Él le preguntó si se había acordado de traer el pan. Eran 11.30 de la mañana. Aparentemente era la hora indicada para el gancia de todos los domingos. Ella contestó que después, cuando volvieran a almorzar. ¿Eso significaba que después del vermu se iban y después volvían? Me parecía un manejo curioso del tiempo. Él respondió algo que no pude entender y entraron a la casa. El tiempo se congeló aunque los autos siguieron andando por la avenida como los pensamientos por mi mente. Eran los dueños de la casa desde donde observaba sentada el sillón y cada tanto tenía la ocasión de espiar sus vidas. Cuando venían sus nietas de visita, cuando salía humo de la parrilla, cuando sacaba la ecosport del garaje. Yo simplemente observab...
Perpleja, me dijo, que me veía perpleja frente a la situación.  No nos vamos a desconocer así. O sí.  ¿Qué otra cosa podía atravesarme más que la perplejidad?  Mirando un punto fijo en la habitación, cada vez que la película se reproduce en el cine de mi mente, se interrumpe el video abruptamente y entonces ¿qué? ¿Cuántas momentos de absoluta confusión podemos tener en la vida? Como si faltara la pieza del rompecabezas que hace que la imagen tenga sentido. Bah, no como si faltara de perdida sino como si no existiera. Como algo inconcebible.  Como cuando un personaje querido de un libro muere de repente. Cuando murió Dumbledore esas dos palabras no tenían sentido para mi, no existía la remota posibilidad de que eso sucediera. Recuerdo estar leyendo y levantar los ojos de las letras impresas sin comprender. Con total escepticismo, Dumbledore no podía morir. De ninguna manera. Jk no nos haría eso (spoiler: hizo cosas peores). Al final, unas páginas después la perplejida...